Biografía
Manuel Simó Rojas, nacido en San Francisco de Macorís el 30 de junio de 1916 y fallecido en Santo Domingo el 14 de septiembre de 1988, fue compositor, director de orquesta y educador musical dominicano, recordado como el primer director dominicano de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) y uno de los defensores más constantes de la música del siglo XX en el país.
De una banda de pueblo al podio
Su madre lo encaminó hacia la Academia de Música de San Francisco de Macorís, donde estudió con Rafael Pimentel y Oguis Negrette e integró la Banda Municipal del pueblo. En Santo Domingo se unió a la banda del ejército bajo José Dolores Cerón, quien descubrió su talento y lo inició en la dirección orquestal; para la fundación de la OSN en 1941 ya era alumno de dirección de su primer director titular, Enrique Casal Chapí, mientras tocaba percusión y corno inglés en sus filas. Una beca del gobierno de finales de los años cuarenta lo llevó al Conservatorio Kolisher de Montevideo, donde continuó sus estudios con Casal Chapí, radicado él mismo en esa ciudad.
Director de la OSN
De vuelta en el país, sucedió a Juan Francisco García como director del Conservatorio Nacional de Música, donde también fue profesor de composición durante años. Asumió la OSN de forma interina en 1952 tras un accidente que apartó a su director, pasó poco después a la subdirección, y fue nombrado director titular en 1959, cargo que ocupó hasta 1981, cuando fue designado Compositor Emérito de la orquesta.
Un defensor de lo nuevo
Como director le dio al público dominicano sus primeras audiciones de Prokófiev, Stravinski, Shostakóvich, Britten y Satie, a la vez que promovía a compositores dominicanos en los mismos programas. En 1969 organizó «Fluxus Música de Vanguardia», dos conciertos de Cage, Varèse, Berio y Schönberg en el Palacio de Bellas Artes —un gesto inusualmente audaz para la época, que el historiador Arístides Incháustegui señaló después que encontró poco eco duradero en un público y una prensa que aún no estaban listos para él.
Legado
Su propio catálogo —sinfonías, cuartetos de cuerda, sonatas para violín y una cantata para solistas, coro y orquesta que ganó el Premio Nacional de Música en el concurso de composición del centenario de 1944— sigue siendo, según casi todos los relatos, menos conocido que la institución que él mismo formó durante tres décadas.