Biografía

Pirou es el nombre artístico de Katherine Pérez, cantante y compositora de jazz dominicana, de Santo Domingo. Ella describe su propio sonido como soul retro con corazón latino, y es de las poquísimas mujeres que trabajan el circuito de jazz dominicano como figura y no como invitada.

Primero el teatro

Empezó como actriz, y fue en el teatro donde recibió formación vocal clásica. El orden importa: una cantante que aprende a sostener un personaje antes que a vender una canción tiende a cantar la letra como texto y no como melodía, y eso se oye en todo lo que hace.

Volvió a estudiar después, en un programa de verano de Berklee. La música popular dominicana la hace en su abrumadora mayoría gente que aprendió sola porque no había otra vía; ella se formó dos veces, a propósito, con años de por medio.

Es además psicóloga y locutora comercial en ejercicio: una de esas voces que un dominicano oye de una compañía de telecomunicaciones sin saber nunca de quién es. Cantar jazz no paga un alquiler en Santo Domingo y ella nunca ha fingido lo contrario.

Las canciones propias

Su primer sencillo salió en 2019 y desde entonces la seguidilla no ha parado: Admiración, Nadie Como Tú, Dime Que Sí, Besos y Violetas, Fantasías, Ser Tu Amiga, Pecado, Cerca del Sol, y Mi Cuerpo Arde, que después volvió a grabar en salsa.

Besito de Algodón la hizo con Cruzmonty. Y está en Amargue Sessions, el disco que sentó al bolero y al jazz en el mismo cuarto, cantando una versión de Voy A Apagar La Luz con Xiomara Fortuna, que es un cuarto considerable al que la inviten a una.

How High The Moon

Su primer disco de jazz salió el Día Internacional del Jazz y son cinco estándares: Honeysuckle Rose, I Got Rhythm, The Shadow Of Your Smile, Lullaby Of Birdland y el tema que le da título.

Grabar estándares es lo menos vistoso y lo más expuesto que puede hacer una cantante. Los cinco los cantó definitivamente alguien famoso, los arreglos son propiedad común, y no hay dónde esconderse: no hay producción, no hay gancho, hay una voz, una guitarra, un contrabajo y unas escobillas.

Lo hizo con un trío de guitarra que encabeza el guitarrista argentino Sebastián Murena, radicado en la República Dominicana, con Hidekel Martínez en batería y Marcos Asencio en contrabajo. Lo llevaron al Santo Domingo Jazz Festival en formato de cuarteto, bajo el título All That Jazz.

El circuito

El jazz dominicano se mueve en un puñado de salas —una casa de teatro, un club de tabacos, una residencia de los jueves, un festival navideño en Santiago— y en la media docena de personas que siguen programándolas. Ella lleva años en ese circuito y hoy aparece en los carteles como el nombre y no como la invitada.

Es una escena que el país apenas documenta. Hay un blog que escribe sobre ella desde 2006, y sin él casi nada de lo que se sabe de la carrera de un músico de jazz dominicano se sabría.

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