Biografía

Pedro Samuel Rodríguez, que firma su música como P. S. Rodz, es compositor y cantante dominicano y su obra consiste casi entera en ponerle música a poemas. Es además ensayista, y las dos ocupaciones resultan ser la misma manía aplicada dos veces.

Poemas con música

El método es simple y los resultados no. Agarra un poema publicado, le escribe música, lo canta y lo saca. Lo raro es la variedad de lo que agarra.

Buena parte es verso dominicano: poemas de Joaquín Balaguer, entre ellos A un Niño Inválido y La Belleza de las Mujeres Feas, y obra de Virgilio Díaz Ordóñez, de Elisa Reyes y de Carmen Sánchez. Después se va del país por completo: ha musicalizado a la poeta austríaca Angélica Becker y un soneto de Shakespeare, que publicó con subtítulos en español.

Musicalizar verso que nunca se escribió para cantarse es una práctica europea vieja y una práctica caribeña casi extinguida. Hacerlo con un soneto de Shakespeare y con un poeta del Cibao dentro del mismo catálogo es una terquedad de una especie concreta.

Romanticismo

Una de esas musicalizaciones pegó, y es la razón por la que su nombre aparece en registros comerciales de derechos. Fernando Villalona grabó Romanticismo en 1996 para el disco Soy Un Hombre Feliz, y los créditos traen dos compositores: Joaquín Balaguer por la letra y Rodríguez por la música.

Cantó él mismo otras dos —Melancolía Otoñal y Alma de Mujer—, y esas salieron de libros con título y no de una hoja de letra, que es la distinción sobre la que se sostiene todo su catálogo.

El otro oficio

Escribe también prosa, y es de la que explica la música. Le presentó a la academia dominicana de la lengua un estudio que defiende un posible origen portugués de la i cibaeña —la vocal que hace reconocible al instante el habla del norte— y llevó durante años bitácoras propias sobre lengua, cultura e historia.

Quien se pasa tanto tiempo persiguiendo la ascendencia de una sola vocal es reconociblemente el mismo que se pasa una tarde ajustándole una melodía a un soneto. Su música es una afición de filólogo hecha con oficio, y el archivo de esa afición es su propio canal, donde las canciones conviven con documentales históricos que armó él mismo.

De lo demás casi no hay constancia. No hay fecha de nacimiento publicada, ni provincia, ni sello, ni campaña de prensa. Lo que hay es la obra y los créditos, que en su caso son un resumen razonable del hombre.

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