Biografía

Luis Días Portorreal, conocido universalmente como Luis "El Terror" Días, fue un compositor, guitarrista, cantante y director de banda dominicano, nacido el 21 de junio de 1952 en Bonao y fallecido el 8 de diciembre de 2009 en Santo Domingo. Es la figura a la que apuntan los músicos dominicanos cuando quieren sostener que el folclor del país y su rock podían ser la misma música. Más de trescientas de sus composiciones fueron grabadas por otros artistas, se le llama con frecuencia el padre del rock dominicano, y en 2004 el Estado dominicano lo declaró Patrimonio Cultural de la Nación cuando aún vivía para escucharlo.

Bonao y Convite

Días se crió dentro de la música vernácula dominicana: su padre tocaba el tres, su madre cantaba salves. Estudió con los maestros Juan Zorrilla y Tatán Jiménez, y a los dieciséis formó su primer grupo, Los Chonnys, tocando rock and roll en Bonao. En 1970 se trasladó a Santo Domingo a estudiar psicología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

En 1972, por iniciativa del sociólogo Dagoberto Tejeda, entró a Convite como guitarrista y vocalista. Convite era menos una banda que un proyecto de investigación con instrumentos: un esfuerzo por encontrar, documentar e interpretar ritmos que habían sobrevivido en rincones de la isla sin llegar nunca a un estudio de grabación. Ese trabajo de campo es el cimiento de todo lo demás en su carrera. Convite participó en el Festival Internacional de la Nueva Canción «Siete Días con el Pueblo» en 1974, donde su «Obrero acepta mi mano» fue el tema oficial.

Madora y Transporte Urbano

Salió de Convite en 1978 y formó Madora junto a Gustavo Moré y otros, iniciando los experimentos que fundían el jazz con el folclor antillano. Entre 1980 y 1982 impartió talleres de música dominicana en el American Museum of Natural History de Nueva York.

El grupo decisivo fue Transporte Urbano, formado en 1982 con Juan Francisco Ordóñez en la guitarra, Guy Frómeta en la batería, José Duluc en la percusión y Bruno Ranson en el saxofón. Se le suele tratar como el nacimiento del rock dominicano: no dominicanos tocando rock, sino rock construido desde adentro con merengue, bachata, mangulina, salve y más de cuarenta ritmos dominicanos y haitianos, cruzados con reggae, jazz y blues. A los resultados les puso nombres propios — merenrock, tecnoamargue — y publicó discos como Luis "Terror" Días (1984), Merenrock (1988), El Accidente (1998), La Yola (2000), Radio Macana (2003) y Tiempo de Ocio, aparecido el año de su muerte.

El cancionero

Con toda su experimentación, su mayor alcance llegó por la voz de otros. Entre lo más conocido:

También trabajó en cine. Compartió en 1984 el premio de plata a la mejor música original del Festival Internacional de Cine de Filadelfia con Juan Luis Guerra 4.40 por Las pausas del silencio, colaboró con David Byrne en trabajos de banda sonora y musicalizó La maldición del padre Cardona en 2005. Las sesiones que grabó con Vickiana en 1985 se publicaron finalmente en 2000.

Reconocimientos y controversia

Los reconocimientos llegaron con constancia: un premio nacional en 1983 por el tema del carnaval, su participación en el XII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Moscú en 1985, premios Casandra como Letrista del Año en 1989 y Compositor del Año en 1990, y la declaratoria de Patrimonio Cultural de la Nación en 2004.

En 2006 el coro de «Baila en la calle» apareció, sin crédito, en «Hips Don’t Lie» de Shakira y Wyclef Jean — un número uno global levantado sobre una frase escrita para un carnaval dominicano dos décadas antes. El episodio se convirtió en el caso más comentado de una composición dominicana que viajó más lejos que el crédito por ella.

Legado

Días cambió lo que los músicos dominicanos creían permitido. Antes de él se daba por sentado que el folclor pertenecía a la preservación y el rock a los americanos y los ingleses; él trató todo el inventario — salve, palos, mangulina, merengue, bachata, ritmos haitianos — como materia prima de música contemporánea, y tenía detrás el trabajo de campo para hacerlo con fundamento y no como adorno.

Fue además un intelectual público cuyos argumentos sobre identidad, raza y cultura dominicanas resultaban tan provocadores como sus discos, y nunca tuvo la carrera comercial que su influencia haría suponer: en la radio pocas veces supieron dónde ponerlo. La medida de su estatura está en otra parte: en las trescientas y pico de canciones que otros cantantes llevaron a las listas, en un Estado declarando patrimonio cultural a un músico vivo, y en un cortejo fúnebre recordado como uno de los más largos que ha visto el país.

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